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¿Nos faltan recursos? ¿Seguro? ¿O es que no se quieren dedicar a lo que se deberían dedicar?

Viendo el único programa de la televisión que merece la pena, además de El Intermedio, lagrimeo un poco escuchando al locutor, al que siempre acompaña una música tan fantástica y bien elegida que creo haberme enamorado del tipo que produce el programa cada vez que lo veo. Hablo de La Sexta Columna y en concreto del programa de hoy, viernes 14.11.14 (bonita fecha, por si no se habían fijado), I+D, Indignación + Destierro. Sobre la Ciencia y la Investigación que ya no existen en España. Sobre la cantidad de investigadores e investigaciones de aquí, revolucionarias, únicas, de esas que te hacen preguntarte por qué al país se le conoce por la paella, el toro, la flamenca y el bebercio cuando hay verdaderos cerebros dignos de ser ovacionados trabajando, fuera y dentro, por hacer avanzar a eso que algunos aún llaman la gran España. Ja. Con avanzar no me refiero a ganar un partido de fútbol, o siete. No menosprecio el entretenimiento, pero tal vez ha llegado la hora de madurar. Tal vez, si hay pocos recursos, hay que saber dónde invertirlos. O no. Aquí no. Aquí los que gestionan parecen vivir en una adolescencia perenne, como si lo más normal fuese gastarse el dinero de otros (de tus padres, de los ciudadanos, qué más da) en juegos o putas, negándose a dar explicaciones a quien se las deben, como niños enrabietados que se contradicen al no tener argumentos.

Tras unos años de inversión en educación pública, y a pesar de que se han exportado las siestas, las fiestas y por qué no decirlo, el costumbrismo castizo y cutre (gracias, Almodóvar), resulta que muchos grandes investigadores españoles, que tenían oportunidad de desarrollar su carrera en países de verdad gracias al valor de su proyecto y la validez de su trabajo, han vuelto aquí para “devolver” la inversión que el Estado hizo en ellos. Sí, yo también alucino. Y, aún hay más, muchos se trajeron sus investigaciones, sus geniales ideas que podrían haber revolucionado el mundo de la investigación de enfermedades como el alzheimer, el parkingson, la malaria, el cáncer… Como declara un investigador en el programa La Sexta Columna, “es más rentable para las industrias farmacéuticas investigar sobre la calvicie, que afecta a un gran mercado, que el alzheimer, que tiene un mercado menor”.  Sí, la calvicie. Sí, mercado. Todo se mide en términos de apariencia y dinero. Así es. Hasta lo importante, hasta la Ciencia, la Investigación sin la que no hay Desarrollo.

Lo más fascinante es que se han mandado a la mierda investigaciones enteras, importantes, pioneras, que se rifaban en otros países, por no poner 90.000 euros, lo que costó el retrato de Bono cuando era ministro, o 60.000 euros, lo que cuesta limpiar las alfombras del Congreso de los Diputados. Son analogías que plantea La Sexta Columna e ilustran la realidad de este país. De los gobernantes, y aquellos que les siguen apoyando, que priman la construcción de infraestructuras inútiles, retratos, fastuosos mobiliarios y rojas alfombras, coches oficiales, trajes, sobres, tarjetas black, cuentas en Suiza, cochazos y viajes de lujo, bolsos de marca y aparatos de última tecnología, drogas y putas, viagra, un futuro puesto en el consejo de administración de una empresa energética, monopolio que ahoga a la ciudadanía a la que representa, etc. (y sé que faltan casos por enumerar)… Sí, enfermedades que podrían haberse curado, o al menos ralentizarse mejorando la calidad de vida del enfermo, y se han ido al garete por lo que costó el retrato de un ministro. Investigaciones que se intentan financiar a través de crowfounding y que asisten, desoladas, al espectáculo en el que los más pobres de un país en ruinas, la maltrecha y ya casi inexistente clase media con un poco de cerebro y otro de humanidad, son los que colaboran mientras que las grandes fortunas, que por cierto este año han vuelto a cosechar grandes crecimientos, no dan un duro.

Es un país tan guay, tan molón, que si yo fuera científica también volvería aquí a que menospreciasen mi trabajo, lo tiraran a la basura, condenaran a un montón de enfermos a la muerte segura y dolorosa, tiraran por la borda mi carrera profesional, me obligasen a pedir dinero a la castigada sociedad mientras veo cómo otros lo roban…

Yo, insignificante quejica que sólo plasma palabras en un papel, no puedo imaginar cómo se sienten todos esos genios que con el conocimiento de sus investigaciones trataban de sacarnos poco a poco de esta peligrosa ignorancia. Qué les pasa por la cabeza, cuando en la mía sólo hay desesperanza, al ver que sus esfuerzos no han valido la pena. Que la única diferencia de este país con la Edad Media es la tecnología y que la tecnología sin el conocimiento de la ciencia ni la ética del que valora por encima de todo el aprendizaje no es más que una peligrosa herramienta de manipulación. Un arma de destrucción del intelecto. Una bomba atómica contra esa humanidad que, a pesar de ser minoritaria, resplandece en algunos individuos que pueden iluminar el mundo… siempre y cuando no haya nadie desviviéndose por apagar esa luz, la chispa del conocimiento.recursos

Image: Pawel Kuczynski

Amets

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