Home

Lo peor de ser justito es que se es demasiado imbécil para darse cuenta, algo que impide corregir el error. Hay personas que dicen tener gran corazón, aunque es un órgano que no varía mucho de una a otra persona en cuanto a tamaño, pero que se pierden en el vacío infinito de su cerebro mientras sus neuronas se dedican a dar cabezazos contra las paredes del cráneo, sin interés aparente en conectar con el resto de sus compañeras.

Admito que apenas me afecta lo que este tipo de personajes opinen sobre casi nada, pues sus razonamientos suelen carecer de cualquier lógica ligada a la inteligencia. No obstante, puedo comprender el cabreo que alguien siente al escuchar que otro habla mal de él. Asumo que no es agradable que critiquen o resalten tus defectos… especialmente si crees que las críticas dicen la verdad sobre ti mismo. Sobre todo si piensas que lo que otros dicen te define mejor de lo que tú sabes definirte.

Lo que me sorprende a mí, y me cabrea un poquito, es la rabia que alguien siente al leer un texto que, vaya usted a saber por qué, le recuerda a sí mismo. Un texto anónimo, catalogado como “cuento”, que rezuma ficción e hipérboles en cada palabra. Una historia que no es real aunque se parezca a algún que otro recuerdo. Es sorprendente e indignante que, tras leer algo que le recuerda a sí mismo y le enfada por lo que cuenta, cargue contra el autor del texto (un texto sin nombres, por cierto), y se dedique a insultar, perdiendo unas formas que probablemente siempre fueron fingidas contra quien sólo utiliza las palabras para entretener, sin señalar ni humillar como él intenta hacer. Suerte que me importa poco, por no decir un sincero y directo “nada, absolutamente nada”.  Éste es mi rincón, lo que significa que aquí mando y escribo yo. Y voy a seguir escribiendo lo que me apetezca y como me apetezca.

Fuck you girl naked

Cuesta, especialmente para aquellos que carecen de capacidad de reflexión antes de estallar cual niño sin piruleta (tampoco pueden/suelen reflexionar después de explotar), diferenciar entre la realidad y la ficción, pues fina es la línea que las separa, pero a veces vale la pena hacer el intento, al menos antes de autorretratarse como un imbécil. Triste me parece que alguien se sienta completamente identificado, definido, con una caricatura propia de gamberros dibujantes o traviesos escritores. Imagino a un Ignatius J. Reilly, protagonista de La conjura de los necios, de carne y hueso escribiendo amargas cartas, de esas que rezuman odio y  rabia, a John Kennedy Toole por retratarle como un guarro obeso, prepotente e imbécil a los ojos de los demás, hipocondríaco y egoísta. Toole quiso irse antes de que los miles de Ignatius que existen en la realidad pudiesen insultarle y amenazarle por escribir sobre ellos…

El problema no lo tiene quien escribe sobre estúpidos personajes que hacen estupideces, sino aquél que se considera bochornosa caricatura de una obra de ficción y reproduce los comportamientos de un personaje hiperbólico en su propia realidad. Ahí lo dejo.

A todo aquél que alguna vez se haya sentido identificado con un personaje de ficción repugnante, le aconsejo que reflexione sobre el tema y evite reiterar los insultos hacia los autores de los textos cuando, tal vez, lo que le avergüenza es su propia obra.

Anuncios

Un pensamiento en “Mi rincón, mis normas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s