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Entre dos aguas. Siempre entre dos aguas. Su padre le había dicho más de mil veces que la vida se basaba en decisiones. En elegir la alternativa correcta.

Ella, sin embargo, se preguntaba si existía tal alternativa. La correcta. Parecía más bien un cliché de las fábulas infantiles. Una utopía venerada solamente por los soñadores. Una invención para vender historias y, a lo mejor, también moral. Esa moral podrida de la que se compone el mundo.

Harta de que elegir una u otra opción nunca terminara de satisfacerla, decidió aceptar la teoría de variables y alternativas paralelas. ¿Por qué elegir cuando se podían tener las dos cosas? O las que fueran y permitieran ser combinadas con un equilibrio, si no perfecto, al menos eficaz. ¿Por qué no elegir las características interesantes de cada sujeto, sin renunciar a ninguno? Simplemente se necesitaba dejar de creer en el concepto de totalidad, de que un único elemento puede satisfacer todas tus necesidades.

¿Uno u otro? Los dos.

Pocas cosas había por aquella época en la vida que ofreciesen muchas opciones, exceptuando a los hombres. Los jóvenes siempre aparecían de debajo de las piedras, como setas dispuestas a ser recolectadas. Así que, ¿por qué no aprovechar el único ámbito en el que disponía realmente de alternativas? El resto de las cosas venían motivadas por aspectos completamente ajenos a ella o a sus inquietudes… dinero, tiempo, dudas, incertidumbres futuras… era una cuestión de supervivencia, no había opción. Sin embargo, las relaciones eran otra cosa. Se encontraba continuamente plantada en una encrucijada, había decidido no elegir ningún camino y disfrutar de todos a la vez. Por una parte, en realidad, deseaba lo que creía que la mayoría buscaba, probablemente por ser educada en la cultura de los cuentos de hadas; por otra, necesitaba algo diferente, especial, único… propio. Pero no podía tenerlo todo.

¿Por qué no? Se auto-convencía. Le gustaba la variedad, le tenía pánico a la monotonía. Sentía que sólo le interesaba vivir aquellos momentos intensos que regala de vez en cuando el tiempo, aquellos instantes efímeros donde las emociones cobran todo su sentido, aquellas locuras que siempre se recuerdan con una sonrisa en la boca. Historias con recorrido completamente imprevisible, sorprendiéndose a cada paso. El resto de la vida, fuera de aquellos orgasmos de felicidad, lo transcurría entre la apatía y la melancolía.

Navegaba, flotaba entre dos aguas de un mismo mar que se debatía en feroces tormentas por quién la conseguiría mecer en sus olas. Uno, feroz, no hacía más que retraerse, como la espuma del agua al llegar a la orilla; sin embargo, sus acometidas eran poderosas e intensas, desgarradoras. El otro, en calma, avanzaba poco a poco, sin atacar pero sin dejar de rozar con el agua, cálida, la suavidad de su piel desnuda. Las caricias la tranquilizaban y la ayudaban a conciliar el sueño tras las tormentas.

Félix Ortega pintura 3D

Pasos de Zebra, pintura en 3D del artista Félix Ortega.
Foto: Sandra I.Botargues

Amets. 
Febrero 2010

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