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A veces la vida se empeña en darte empujones. Es un incordio cuando esperas algo donde agarrarte y nada aparece. Es inquietante saber que te emocionas con facilidad y luego la decepción te deja tan rota por dentro que sientes que jamás podrás rehacer los pedacitos de tu alma tal y como un día fue. Es imposible volver a sentir, volver a ser lo que eras. Poco o nada en común tengo con el mundo que me rodea. Un entorno extraño y hostil acompaña cada uno de mis temerarios pasos. Pienso si es que no estoy hecha para la sociedad. Siento que no sé formar parte de las cosas. Creo que he sido un error de cálculo, una broma de mal gusto de algo que mueve los hilos de las personas que pueblan el planeta. Algo malvado y oscuro, empeñado en hacer que desees no haber nacido.

Vivir con una lágrima a punto de descolgarse de tus ojos es muy incómodo. Sientes constantemente un pálpito inquietante que golpea tu pecho, como si el corazón se fuese a escapar por tu cuerpo en alguno de sus bombeos. Tiemblas. Lloras. Te preguntas qué tienes de malo. Por qué nadie te quiere. Por qué eres tan difícil de soportar.

Rebuscas en tu interior algo que te haga encontrarle emoción a la vida. Algo que te haga seguir adelante sin perderte en un llanto húmedo y salado de preguntas que no quieres responder. La necesidad te debilita por momentos. Vulnerable, te acurrucas entre suspiros de dolor y tristeza, repasando cada uno de los errores que te han hecho terminar donde estás.

Tener ganas de no sentir nada porque sientes demasiado. Así es como me siento en estos momentos. Sólo tengo ganas de dejar de existir. De olvidar las cosas que me hacen llorar cada día. Sólo pienso que si esto es la vida, ojala me hubieran preguntado primero. Sólo te apetece estar sola y llorar, sin hacer partícipes a los demás de un dolor constante que acapara cada una de tus respiraciones. Sólo quieres olvidar lo ya olvidado, olvidar quién eres, olvidar qué quieres. Dar un salto a un vacío imaginario y quedarte suspendida sobre la nada, flotando en una oscuridad fría y eterna. Si esto es el mundo, si todo es tan complicado para continuar cuerda, prefiero volverme loca. Si es que no lo estoy ya.

Prefiero que me consideren una enajenada mental que seguir fingiendo que las cosas que me rodean son sanas y lógicas. Prefiero volverme loca y tener la excusa de no controlar ni mis pensamientos ni mis emociones para dejar de ser una hipócrita más.

Las personas no merecen la pena. Las personas te traicionan y abandonan. Las personas te hacen daño, queriendo o sin querer. Quiero algo peligroso que me desestabilice del todo. Quiero o sentirlo todo o no sentir absolutamente nada. Quiero dejar de ser como soy.

Jamás creí que lo diría, pero sí. Más que un deseo es una necesidad, una imperiosa necesidad para sobrevivir en este mundo insensible y cruel lleno de sinvergüenzas. Necesito dejar de sentir las cosas como si fuesen hierros al rojo vivo tatuando mi piel, porque voy a desangrarme con tanta marca. No aguanto más etiquetas ni más reveses. No aguanto esta soledad asfixiante. No aguanto esta mirada cristalina ni esta sensación de decepción. De ser decepcionada y decepcionar a los demás. No aguanto más esto.

No puedo con esta desesperación creciente. Con esta sensación de ausencia total de la vida. Con esta podredumbre del alma.

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